20
Sáb, Oct
15 New Articles

El majestuoso Cristo de La Habana

Patrimonio Histórico

Esta grandiosa escultura, de 20 metros de altura, se inauguró el 25 de diciembre de 1958, justo en la propia bahía de La Habana y a 50 metros sobre el nivel del mar, y es considerada la mayor escultura del mundo realizada por una mujer.

El sello personal de su autora Jilma Madera, y la originalidad de la obra incidió en que fuera ganadora del concurso convocado “El Cristo de La Habana” y dinero obtenido lo empleó para comprar el mármol. Llevó con ella el boceto ganador del concurso: una figura de tres metros hecha con una amalgama de yeso.

En su confección se emplearon 600 toneladas de mármol blanco de Carrara (región italiana) y la conformaron 67 piezas hechas en las canteras de esa localidad, desde cuyas cercanías salió material para las construcciones del imperio romano en época de Julio César.

Estuvo dos años por aquellas tierras y envió a Cuba las 67 piezas perfectamente protegidas y además trajo un bloque del propio mármol previendo algún accidente. Años después fue utilizado para reparar el daño provocado por un rayo a escultura.

Para tallarlo Jilma no utilizó modelo alguno, se inspiró en su ideal de belleza masculina: ojos oblicuos y labios pulposos, en correspondencia con el mestizaje racial cubano.

Majestuoso Cristo de la Habana
Su Cristo no está con los brazos abiertos como otros muchos, por ejemplo el de Río de Janeiro, Brasil; el de Lubango, en Angola; o el de Lisboa, en Portugal.
La majestuosa obra tiene los ojos vacíos, según la propia escultora para que diera la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar de donde se observe.
Cristo de la Habana

Muchos dicen que ella lo ideó así para hacerlo más terrenal y cercano a quienes llegan al hermoso mirador para disfrutar de la obra tan imponente y deleitarse con las inigualables vistas de la capital cubana, sobre todo de noche.

Jilma nació en una finca de San Cristóbal, Pinar del Río y hasta su muerte el 21 de febrero de 2000, mantuvo su cercanía con ese terruño que le vio nacer.