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Jue, May
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Hablé una vez de música con Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

Literatura Internacional

Homenaje en el 90 Aniversario de este insigne escritor

“Hablar de música sin hablar de música cubana es como hablar de nada”.

(Gabriel García Márquez)

Gabriel Garcia Marquez

Yo sabía bien que Gabriel García Márquez (1927-2014), no era amante de las entrevistas, las rechazaba “les tengo miedo a los micrófonos y a las cámaras de televisión, al igual que a los aviones”.

Pero, también conocía el escritor colombiano respetaba mucho a los periodistas “sencillamente porque soy periodista”, me dijo una vez. La estrategia que utilicé para que me atendiera es tocarle el argumento de la música. Era sin dudas-en mi opinión- el escritor que más amaba la música, En ese tema se siente como el pez en el agua.

La primera vez que pude manipular el tema de la música fue en 1997, en Pabexpo, en la inauguración de la 1ra. Feria Cubadisco, dedicada al Record Guinness: El son más largo del mundo. Estaba impecablemente vestido todo de blanco, tenía buena vibra para atender a la gente. Pues bien, me le acerqué y le dije: “Hace tiempo que no habla de la música cubana”. 

Enseguida saltó y me respondió: “Ahora tengo menos tiempo para la música, pero cuando tenía tiempo siempre estaba en la última con la música cubana, mi preferida”.

Le tomé la palabra para recordarle una entrevista dedicada a él, aparecida en la revista Opina (donde yo escribía en los 80).

¿Maestro, esta Feria demuestra la tesis suya de que Cuba necesita una industria de la música?

“Mira esta Feria Cubadisco, ¡ahí lo estás viendo!, es un intento de hacer una industria de la música, lo que yo declaré en la revista Opina, en 1985, resultó una premonición. Yo he discutido ese asunto con directivos de la música en Cuba. Si este país exporta su azúcar, su tabaco y su ron, por qué no hacerlo con la música, a la vez que se defiende lo mejor de la cultura cubana. Cuba estuviera barriendo con todas las músicas de hoy, desde aquella salsa latina que no es más que el son cubano”.

Es sabido que los músicos y cantantes preferidos de García Márquez eran Los Matamoros, Miguelito Valdés con la orquesta Casino de la Playa, “Dámaso Pérez Prado, el inmortal, es uno de mis ídolos más antiguos y tenaces, le dediqué en 1951 sendas crónicas en El Heraldo de Barranquilla. 

“Mi cantante preferido es Bienvenido Granda con La Sonora Matancera, me dejé el bigote en honor a Bienvenido. Yo llegué a admirar tanto a Bienvenido Granda, que siempre lo seguía cuando se presentaba en el Teatro Blanquita, y donde quiera que se presentara. Siempre he creído que yo me dejé el bigote para toda la vida, por Bienvenido Granda, que lo llamaban El Bigote que canta. En México, en los momentos de su gran apogeo, yo usaba el bigote muchísimo más grande, y más poblado que ahora, los compañeros de trabajo me llamaban El Bigote que Escribe”.

En París, en la década de 1950, cuando conoció a Nicolás Guillén, cantaba a dúo con el pintor venezolano Jesús Soto un repertorio de rancheras y boleros cubanos. Con eso ganaba algo, unos francos (un dólar). “Todavía existe un cassette con el mexicano Carlos Fuentes donde cantábamos un Long Play de canciones mexicanas. Yo ganaba por noches unos francos (un dólar) con lo que iba agarrando algo. Pero no imaginas cuánto placer sentía cuando en la oscuridad las parejas se amaban al idilio de un bolero”.

El novelista era un nostálgico irremediable. “Más que la nostalgia siento un sentimiento más hondo y desgarrador: la nostalgia de la nostalgia. A nosotros nos correspondió vivir, en un momento en que todos los recuerdos son eternos, lo que nosotros llamamos la “segunda conquista de América”.

Todo esto nos enseñó a vivir la nostalgia de la nostalgia que puede arrugarle a uno el corazón”.

La primera vez que conversé con el redactor de Cien años de soledad, me dijo rotundamente: “Soy amigo de los cantantes, soy amigo de Manzanero, La Massiel, Shakira y Tania Libertad… Ciertamente soy un melómano empedernido, no niego que amo la farándula, cuando estoy con mis amigos íntimos no hay nada que me gusté más que hablar de música, sobre todo de la música cubana, fíjate que tengo más discos que libros. Cuando escribo no puedo escuchar música, porque le pongo más atención a ella que a lo que escribo”.

La notoriedad mundial de García Márquez comenzó cuando Cien años de soledad se publicara en junio de 1967 y en una semana vendió 8000 ejemplares. De allí en adelante, el éxito fue asegurado y la novela vendió una nueva edición cada semana, pasando a vender medio millón de copias en tres años. Fue traducido a más de veinticuatro idiomas y ganó cuatro premios internacionales. El éxito había llegado por fin y el escritor tenía 40 años cuando el mundo aprendió su nombre.

Son pocas las palabras para hablar de este gran novelista que trascendió todas las facetas de la historia. Su legado, su filosofía de vida, su obra será siempre eterna.