15
Mié, Ago
8 New Articles

El Clásico: ¿fenómeno en expansión?

Foto: Ricardo López Hevia

Béisbol

“Nadie va al Salón de la Fama o a la Serie Mundial por jugar en el Clásico”. Frase fugaz y rotunda, como las rectas de 100 millas que salen del brazo de Thor, el gran Noah Syndergaard, una de las jóvenes estrellas del pitcheo de los Mets de Nueva York en las Grandes Ligas.

Syndergaard es una de las tantas luminarias de Estados Unidos que han dado la espalda al máximo evento de selecciones en el béisbol, solo que en su caso no se ha reservado sus pensamientos sobre un torneo que lleva ya una década en la palestra, aparentemente sin los resultados deseados por los organizadores.

noah

Quejas sobre la asistencia a los parques, dudas sobre la audiencia en los países que no participan e incertidumbre por los ingresos han matizado el debate sobre el impacto del Clásico de Béisbol, deporte excluido de los Juegos Olímpicos.

Justo el 11 de julio del 2005, durante la Sesión 117 del Comité Olímpico Internacional, se decidió sacar al universo de las bolas y los strikes del concierto estival. Entonces tomó forma la idea de una competencia en la cual finalmente confluyeran las estrellas de la disciplina, incluidas las de Grandes Ligas. 

La máxima cúpula de Major League Baseball (MLB) y la Asociación de Jugadores propusieron a la Federación Internacional (IBAF por aquellos tiempos) la celebración de este evento, que cuajó más rápido de lo normal con la edición inaugural en el 2006.

En diamantes de Asia y América lucharon estelares como Miguel Cabrera, Bernie Williams, Iván Rodríguez, Derek Jeter, Alex Rodríguez, David Ortiz, Mike Piazza, Bartolo Colón y Albert Pujols, pero en realidad el certamen no tuvo un impacto notable en el crecimiento de la popularidad del béisbol más allá de los países protagonistas.

Tres ediciones y 11 años después, ahora con la posibilidad de tener otra vez a la pelota en el concierto olímpico en calidad de deporte de exhibición para Tokio 2020, nos planteamos una interrogante: ¿Ha logrado el Clásico sustituir la emoción que representaba ganar una medalla o simplemente competir bajo los cinco aros?

En primer orden, hay que valorar un detalle: con el Clásico se ha alcanzado algo que los Juegos Olímpicos jamás pensaron conseguir.

A pesar de las negativas de algunas estrellas, otro enorme grupo de los mejores jugadores del mundo sí han vestido las franelas de sus naciones, desafiando incluso las negativas de sus franquicias en MLB.

Solo ese detalle constituye una enorme ganancia, porque el fanático ha tenido la oportunidad de ver a las luminarias juntas, defendiendo una misma bandera. Quizás en el 2006 todavía buena parte de ellos no tomaron muy en serio el torneo, pero ya en las últimas ediciones quienes se han presentado lo han hecho con el objetivo de jugar duro y ganar. Pelota caliente a la orden del día.

Esto ha permitido que los organizadores hablen ahora de sobrepasar la cifra de 100 millones de dólares de ingresos, así como la difusión en 171 países con transmisiones en directo y el aumento hasta 50 patrocinadores comerciales.

Si bien el Clásico como fenómeno no ha logrado el alcance de un Mundial de fútbol o de atletismo, debemos tener en cuenta que el béisbol tampoco llegará al nivel de popularidad y seguimiento de otros deportes más universales, por tanto, es totalmente absurdo negar el impacto del máximo torneo beisbolero a nivel global.

Otro tema es la internacionalización de la pelota, objetivo que MLB y la Confederación de Softball y Béisbol (la antigua IBAF) persiguen casi de forma paranoica. En este sentido también se han dado pasos y los ejemplos podemos encontrarlos en la propia competencia con las victorias aisladas de China, la participación y los resultados destacados (y sorpresivos) de Italia e Israel.

Pero si se desea lograr esa cacareada expansión es preciso no solo que esos equipos compitan, sino también que se lleven partidos a estadios de sus países, sobre todo a Europa, América del Sur y África, las zonas del planeta donde casi no se sabe qué es un out o un jonrón.

Afortunadamente, Rob Manfred, comisionado de MLB, tal vez el máximo responsable del futuro del Clásico, ha dicho sin tapujos que mientras él se mantenga en el cargo el torneo seguirá con vida, sobre todo porque es la vía más eficiente para lograr la expansión del deporte a través de la formación crucial de las nuevas generaciones con los ingresos que reporta.

Como torneo “verde” y novedoso todavía le faltan cosas por cuajar, pero el Clásico no debe desaparecer, solo nos acercaremos a una plataforma global de béisbol.